O puede que estés tan agusto que sea ese el motivo por el cual no te apetece moverte de tu situación. Porque estás sentada sobre la arena jugando a entrelazar tus pies y manos con ella y a lo lejos está el mar. Y las olas, con su lento vaivén. ¿Las olas se mueren al llegar a la orilla o regresan al mar para engendrar una nueva ola? Qué curioso, ¿verdad? Puede que te rodees de las mejores personas y, aún así, a veces lo único que queremos es estar a solas con el complejo funcionamiento de nuestra mente. Y dejarnos llevar por nuestros sueños más ocultos, y fantasear con lo que hubiero pasado si... O incluso soñar con un futuro que probablemente nunca vivirás. Porque sabes que nunca te pasará eso precisamente a tí, pero aún así, te gusta imaginarlo.
¿Nunca te ha pasado? Sí, seguro que alguna vez en tu vida te has imaginado una situación, te has inventado a las personas y tú eras el centro. Y fantaseabas que por un momento tú eras el centro de atención, que te miraban, te respetaban e incluso podías oler la adoración. Aunque sabes que eso nunca te pasará.
Y fantaseas, tanto que hasta la realidad la confundes con tus dulces sueños, y si no se cumplen te entristeces como una niña pequeña, la que te gustaría seguir siendo para el resto de tu vida. Esa niña pequeña tímida, de pelo liso, alta, de ojos despiertos, precavida, sensata y muy, pero que muy sensible a todo. Pero sin preocupaciones referentes a la vida, sólo preocupada por el color del techo de la casa que estaba dibujando.
La niñez, qué tiempos aquellos. Y aunque a veces diga, al igual que Peter: ''Wendy, ¿por qué tenemos que crecer?'', entiendo que es una fase más de la vida. Ahora toca madurar y ser consciente de las cosas que ocurren y de las situaciones por las que paso, pero nunca dejar de disfrutar de los pequeños placeres de la vida. Porque vida, sólo hay una, y hay que disfrutarla al máximo.
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